viernes, 23 de marzo de 2012

Testimonios MMM Peru-Ni Japon, ni USA

 



Según el Vaticano, evangélicos irán al infierno si no son perdonados por sacerdotes católicos

El infierno parece ser el destino inevitable de los cristianos evangélicos, entre otros, según portavoces autorizados de la Iglesia Católica Romana (ICR).

En una nueva vuelta de tuerca para reafirmar la vigencia de doctrinas y prácticas de las más cerradas épocas del catolicismo romano ahora se reafirma la posición de que los pecados solamente pueden ser remitidos por los sacerdotes de la propia ICR .

Eso significa que quien no pasa por el perdón de los sacerdotes consagrados por el Vaticano no se salvarán del infierno.

Esto es lo que explica la agencia de noticias Zenit, con sede en el Vaticano, al publicar un reportaje realizado por José Antonio Varela Vidal al padre dominico Hernán Jiménez, confesor en Santa María la Mayor de Roma . María la Mayor es uno de los llamados cuatro templos papales encargados para el rito de la confesión. Según una antigua tradición se le confió a la orden dominica esa responsabilidad.

En una parte de la entrevista se produce el siguiente diálogo.

Varela Vidal: ¿Existe acaso la confesión "directa con Dios", tal como argumentan algunos? ¿Cuál es la diferencia de esa práctica con el sacramento de la Reconciliación?
P. Jiménez : Con Dios hay una comunicación directa con la oración y la meditación interior, pero nunca la remisión de los pecados. Según el mandato del Señor, solamente los apóstoles y sus sucesores, los sacerdotes, lo hacen .
Varela Vidal: ¿Cuál es la base bíblica del perdón de los pecados ejercida por un sacerdote frente a un penitente? ¿Él actúa en nombre de Dios o lo hace por su propio poder de consagrado?
P. Jiménez : La base la encontramos en los Evangelios, en Juan 20, 22-23. El sacerdote actúa en el nombre de Dios y lo hace por el mandato de la Iglesia que recibe en la ordenación sacerdotal. El sacerdote remite todo pecado con la formula: “… en nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo”

A esa afirmación de Jiménez debe agregarse que no la hace por cuenta propia sino que está avalada por su orden y por las autoridades de la jerarquía vaticana.
Por otro lado la entrevista se hizo dentro del contexto de la reciente declaración del Papa quien, según el periodista Varela Vidal, “insistió en que la nueva evangelización parte también del confesionario” Una afirmación que tiene enormes connotaciones pues Benedicto XVI no habla de que la nueva evangelización parte de “la confesión” del penitente, sino del “confesionario” .

En la Iglesia Católica Romana (ICR) el “confesionario” es el lugar más productivo para la sumisión de los “penitentes”, término oficial del catolicismo romano para las personas que acuden al confesionario para pedir el perdón de sus pecados. Si de ahí parte la denominada “nueva evangelización” según el papado, a todas luces, se insiste en reafirmar el pasado. PD/Zenit
AcontecerCristiano.net

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El Valor de la Espera

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Rev. Alberto Ortega

“Esperad en Él en todo tiempo, oh pueblos; derramad delante de Él vuestro corazón; Dios es nuestro refugio.” Salmo 62:8.

En el diccionario el verbo “esperar” significa: permanecer donde se cree que acudirá alguien o algo, que sucederá algo. También significa: detenerse en el obrar. Esta definición hermosa e inspiradora establece con toda claridad que lo que determina nuestra espera frente a cualquier situación adversa, difícil, incómoda e insoportable, es la fe en Dios.
El corazón debe envolverse y permanecer confiado en que Dios acudirá y cambiará toda situación. Dios siempre acude al lugar donde la fe lo requiere o reclama la intervención divina. Esperar en Dios es en sí mismo una poderosa declaración de fe en Sus recursos divinos.
Esperar incluye una segunda condición: detenerse en el obrar. Esta segunda condición, “permanecer quietos”, es la más difícil de cumplir para el ser humano. Usualmente, nos desesperamos ante lo que acontece en nuestro alrededor, y nuestra tendencia innata consiste en actuar bajo la presión de lo que nos rodea.
Tenemos dos formas de actuar frente a cualquier situación: movernos por reacción o por dirección. Querer resolver las cosas por medio de la reacción siempre es perjudicial, porque la reacción no mide las consecuencias de la decisión. Solo intenta apaciguar lo que se siente, se fundamenta en un sentimiento y no en un razonamiento. En resumen, se trata de actuar sin reflexionar.
Puede darse que por medio de la reacción nos sintamos aliviados y momentáneamente satisfechos; sin embargo, tarde o temprano, tendremos que enfrentar todas las consecuencias de dicha reacción. Todo esto nos lleva a entender que movernos bajo la dirección de Dios es la respuesta correcta. Cuando actuamos bajo esa dirección hay conocimiento, análisis y orientación.
En el Salmo 46:10 leemos: “Estad quietos, y conoced que yo soy Dios”. Aquí vemos otro efecto poderoso de la espera: ésta nos llevará a un conocimiento más profundo de Dios, de Su divinidad y de Su poder sobrenatural. Ese conocimiento será el que influencie nuestra decisión, por lo que obtendremos una dirección certera ante cualquier situación.
Las Sagradas Escrituras declaran en Isaías 30:15: “Porque así dijo Jehová el Señor, el Santo de Israel: En descanso y en reposo seréis salvos; en quietud y en confianza será vuestra fortaleza.” Saber esperar en Dios es una fuente de fortaleza y de poder que puede sobrepasar todo lo que estemos enfrentando.
No obstante, la espera a la que nos llaman las Escrituras no es un estado de pasividad o de indiferencia, es un estado activo donde se están dando pasos precisos. Durante la espera se nos ofrece esta preciosa orientación: “derramad delante de Él vuestro corazón”. Es decir que, durante el período de espera en Dios, debe de haber un derramamiento del corazón.
Derramar el corazón consiste en inclinarlo ante la presencia de Dios para que aquello que llena nuestro corazón, nos conmueve y nos preocupa pase a estar dentro del corazón de Dios. En otras palabras es transvasar el problema de nuestro corazón al corazón de Dios, dejándole a Dios la carga, la responsabilidad de obrar frente a nuestra necesidad.
Amado, ¿vive usted agobiado ante las pruebas que le rodean? ¿Es preciso para usted tomar alguna decisión trascendental que puede afectar toda su vida? ¿Se halla usted desorientado frente al futuro, su hogar, sus relaciones? ¿Por qué no espera usted en Dios, dejándole a Él su carga y su decisión a fin de que Él le oriente, le guíe y le sustente?
¿Usted no conoce a Dios personalmente y desea tenerle en su corazón para que Él tome su vida y su futuro y le conduzca por una senda segura? Para que esto sea posible, usted debe recibir ahora mismo a Jesucristo como su único y suficiente Salvador, y así Dios le guiará. Dios le bendiga.