En muy raras ocasiones se encuentra piedras preciosas en las minas
de carbón, Evan Roberts fue una de ellas, pero el tiempo y las
circunstancias terminaron por convertirle en un carbón más entre la
multitud que le rodeaba.
Roberts nació en una familia de práctica metodista el 8 de junio de
1878. Su padre, un rudo y religioso minero, sufrió un accidente siendo
Robert muy joven y este tuvo que dejar sus estudios y dedicarse al duro
oficio de minero. El joven minero era un habido lector la Biblia y tras
el trabajo recorría el kilómetro y medio que le separaba de la capilla
de su localidad.
En 1898, Evan tuvo que emigrar a Mountain Ash, una ciudad próxima a
la suya, para buscar trabajo. Al poco tiempo, el pastor de su iglesia
le pidió que le ayudara en la iglesia y no tardó mucho en ser
recomendado para dedicarse a pleno tiempo en el ministerio.
Roberts no se sentía satisfecho con su relación con Dios. Algo
desanimado acudió a escuchar a un evangelista itinerante llamado Seth
Joshua. El reverendo Joshua llevaba varios años orando para que Dios
levantara a un nuevo Eliseo, un hombre sencillo que trajera el
avivamiento a la región. Tras asistir a varias reuniones experimentó un
encuentro con Dios y su vida cambió por completo.
En 1904 tuvo su primera visión sobre el avivamiento en Gales. Vio
un brazo que se extendía desde la luna hasta Gales. Él creyó ver la mano
de Dios en esta visión y comenzó a organizar reuniones en su iglesia.
En pocos meses su fama se extendió por todos Gales y centenares de
personas acudían a sus reuniones.
La prensa se enteró del fenómeno y envió a corresponsales para que
contaran lo que pasaba en la pequeña iglesia galesa. Muchos mineros
dejaron su ruda vida y comenzaron a asistir a los cultos. Las mujeres de
los mineros también asistieron masivamente y, a diferencia de otras
congregaciones, se permitió que participaran activamente en los cultos.
El nivel de vida de los mineros cambió radicalmente. Muchos dejaron el
alcohol y comenzaron a tratar mejor a sus hijos y mujeres.
El 29 de enero de 1951 moría a la edad de sesenta y dos años. Su
liderazgo había sido efímero pero durante décadas Gales experimentó un
gran avivamiento que conmovió a toda la nación.
Fuente: M. Escobar, ProtestanteDigital (España)
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