En Corea del Norte, tener una copia de la
Biblia está absolutamente prohibido, y muchos cristianos necesitan mantener sus
copias escondidas para evitar ser condenados.
Lee Joo-Chan, un refugiado contó a Puertas
Abiertas cómo sus padres se las arreglaron para ocultar una Biblia.
“Mis padres habían cavado un hoyo en el jardín,
cada noche, sacaban un libro negro para leerlo. Siempre nos dijo que nunca
habláramos de este libro a los demás. Yo sabía que no estaban jugando con
nosotros, porque si hablábamos estaríamos muertos si otras personas sabían del
libro prohibido. A veces mi madre nos decía que Dios estaba vivo y que había que
obedecerle”.
Después de un tiempo la familia de Lee Joo-Chan
fue capturada por razones desconocidas y fueron llevados a trabajar en el campo.
Durante este período, Chan dice que pasaron por años difíciles y fueron
sometidos a terribles circunstancias y cómo la Biblia permaneció oculta en el
jardín de su casa.
Una vez que la familia fue liberada, fue
acompañada por el ministerio de Puertas Abiertas con el hermano Simón, un punto
de contacto entre el ministerio y los cristianos perseguidos en ese país.
“Estaban tan agradecidos que nos dieron la
Biblia”, dijo Simon, quien agregó que le consiguieron otro ejemplar de la Santa
Biblia.
Simon cree que un día las Biblias, himnarios y
otros materiales cristianos se podrán leer en una nueva Corea del Norte.
“Entonces, demostraremos que el pueblo de Corea del Norte, tiene un poder
infinito e indestructible que la Palabra de Dios”, dijo.
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