lunes, 2 de enero de 2012

Año viejo, vida nueva


Consideramos insuficiente y hasta un error el dicho simple de “año nuevo, vida nueva”.
¿Por qué? Porque el cambio de calendario por sí mismo no significa nada, especialmente cuando se quiere “pasar página” (o año) creyendo que el “borrón y cuenta nueva” sirve para la vida como si fuese una pizarra que queda en blanco (o en negro, según el color del alma).
Porque la clave no está en el “año nuevo”, sino en qué hacemos con el “viejo”. Cuando nuestro pasado sea realmente “viejo”, nuestra vida resurgirá verdaderamente nueva. Y nos explicamos.
 En primer lugar, debemos cerrar el pasado con agradecimiento . Sí, por mucha crisis que hayamos tenido o tengamos. Porque si usted lee estas líneas está en el mundo privilegiado de los que tienen internet. Y eso ya significa mucho que agradecer, porque está usted al margen de la verdadera necesidad y pobreza.
 Ya sólo con este primer párrafo cualquiera de nosotros tendría en el año viejo una fuente inmensa de vida nueva. Pero hay más.
Un segundo aspecto de lo viejo son los errores a no repetir . Los nuestros, porque es cierto aquello de que si alguien nos engaña una vez es culpa suya, pero si lo hace dos veces es culpa nuestra. Y los que más nos engañamos somos nosotros a nosotros mismos. Lo vamos descubriendo a lo largo de la vida, tanto en decisiones con malas como con buenas intenciones, en acciones como en omisiones.
Y vamos con el último punto. Usted sigue vivo, lo sabemos porque ha leído hasta aquí, lo cual le coloca en el grupo de aquellos a quienes debemos agradecer su atención, pero también en el de quienes tienen actividad cerebral propia. Y eso significa que tendrá personas a su alrededor a las que puede amar.
Ha oído bien, no que le amen, sino a las que amar, que ese es otro análisis que debe hacer: ¿a cuántas personas se ha entregado, ha valorado, animado, corregido con cariño, perdonado o incluso olvidado para dejar de hacerse daño el uno al otro?
La mayoría de los buenos deseos de cambio tienen que ver con nuestro propio ego . Y eso significa que el año viejo sigue vigente por mucho que queramos cambiar aparentemente. Si pensamos en nuestra familia, amigos, compañeros de trabajo, de iglesia -y en general compañeros en el viaje de la vida- como aquellos a quienes nos debemos, entonces el cambio será siempre radical.
Desde aquí les deseamos un feliz análisis del año viejo para una vida nueva. Nosotros estamos en el proceso de realizarlo. Y nos anima precisamente el ejemplo de Jesús . Porque un aspecto de su nacimiento en un pesebre es que analizó lo viejo que tenía para mejorarlo, siendo en su caso un “viejo” eterno y perfecto: “Siendo

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